sábado, 22 de octubre de 2011

DE ARCOS A RONDA A TRAVÉS DE VÍAS PECUARIAS

El grupo de expedicionarios
José María Pérez Gómez
Ruta de los Pueblos Blancos

A la partida desde Arcos
      Un grupo formado por tres arcenses y un sevillano salen desde Arcos y llegan a Ronda caminando por vías pecuarias tras tres días y medio de caminata. El pasado día 16 de octubre, Juan Manuel Velázquez-Gaztelu partió con sus amigos Francisco López Gutiérrez, Salvador Rus Palacios y un servidor desde la Ciudad de la Peña, rumbo a la Ciudad del Tajo. El camino se inició en pleno centro de Arcos de la Frontera, en la misma casa de Juan Manuel, organizador de esta expedición, un camino lleno de sorpresas, mitos y otras historias. Salimos desde Arcos por el Barrio Bajo y continuamos por la verea Baja, el Romeral, Postuero... y al cabo de unas horas y salteando algunos obstáculos en los que la vía estaba usurpada, perdida o incluso con ganado retinto..., nos hallamos en El Bosque, donde nos pudimos asear un poco en el río y pasar la noche. Nuestro amigo Manolo Cañá, de Puerto Serrano, junto a su familia, fueron los encargados de transportarnos la impedimenta, así podíamos ir algo descargados, sólo portábamos unas pequeñas mochilas en las que llevábamos los bocadillos y las bebidas y aun así el camino arenoso por el que habíamos pasado nos pasó factura, dormimos como angelitos aquella noche, en la que sólo se oía el río y los ronquidos de nuestro amigo Juan Manuel, ya que los míos no me los oigo. Al día siguiente subimos por el río El Bosque hasta Benamahoma para cruzar por el Pinsapar rumbo a Grazalema y los paisajes nos encandilaban y embrujaban..., casi no queríamos llegar a la meta pues cada vez el paisaje se volvía más y más agradable. El Bosque de Pinsapos aunque conocido no deja de apasionarnos, reserva de la Biosfera y Parque Natural, ahora con una protección integral y rádical, no se puede pastorear, ni visitar acompañado por tu perro entre otras cosas. Este majestuoso bosque ha sobrevivido a la armada invencible que utilizó los troncos de estos abetos para mástiles de sus naufragados galeones... También sobrevivió cuando en 1983 lo convirtieron en Parque y un fuego provocado por no se sabe quien..., amenazó con destruirlo. Ahora en este bosque solo pastan las cabras montesas y cantan los pájaros alegres de su conquista. Al llegar a Grazalema nuestros cuerpos necesitaban un más que merecido descanso, esperamos a nuestro amigo Manolo Cañá que nos trajo nuestro instrumental y cenamos en un bar.
      Quiero advertir desde esta página que tres de los expedicionarios tuvimos un mismo problema, que a mi casi me cuesta el abandono y eso que soy experto andarín, resulta que nos preparamos esta expedición a conciencia y por ello decidimos comprarnos botas nuevas, que sin ponernos deacuerdo compramos en un mismo establecimiento deportivo, una conocidisima marca, pero el resultado fue que los números de los zapatos son de la talla américana y nos vendieron un número menos, y aunque nos los probamos pensabamos que ibamos a domarlos...,  por lo que en la bajada del Pinsapar a Grazalema pude comprobar como mis meniscos no respondían y me dolían debido a la posición de mis pies en las botas, ya no aguantaban mucho más, nunca me ha pasado y también mis compañeros sufrieron ampollas, cosa no usual en nosotros, asi que me vino muy bien el descanso para recuperarme del todo y mandar a freir gargaras aquellas malditas botas que nos vendieron, que si lo llego a saber hubiera preferido ir descalso, aviso para navegantes...
El Pinsapar

      Desde Grazalema hasta Montejaque fue un alegre paseo que llegamos siguiendo el río Campobuche, que desemboca en la Presa del Hundidero, un río que se pierde como el Guadiana y que sale por la boca de la Cueva El Gato tras cuatro kilómetros y medio, esa noche la pasamos bajo un cielo cargado de estrellas y entre unas impresionantes montañas, entre corrales de cabras custodiadas por grandes mastines que ladraban cada vez que un zorro bostezaba.


      A la mañana siguiente tras el desayuno nos esperaba Ronda. Partimos por un camino que serpenteaba y subimos hasta llegar a una ermita, donde nos despedimos de las ultimas vistas de Montejaque, llegamos a un caserío que tenía una peculiar capilla en su puerta, en ella hicimos una singular ofrenda y dimos gracias a Dios por habernos acompañado, ya al fondo divisamos la meta, pero no teníamos prisa alguna en llegar, queríamos disfrutar y poco a poco nos fuimos acercando hasta que como si de una aparición se tratara, el Tajo salió a nuestro encuentro y allí felices de haber llegado a nuestro destino nos mezclamos entre los turistas con nuestros sombreros de palma sin que nadie supiera de nuestra hazaña, entre 80 y 90 kilómetros recorridos a pie, algo que antes era normal y natural y que hoy se hace extraño.

1 comentario:

  1. jojojo, lo de las botas es muy fuerte ... sois unos campeones aguantar con una talla menos ... enhorabuena ... espero poder apuntarme algun dia a una de las vuestras ¡¡¡

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